Nada entre la soledad.

Hoy me visto con los trajes del ayer,
dibujo una sonrisa en mi espalda,
trato de alimentar el futuro
sin trucos, sin alimañas.
Pero se oscurece el devenir,
de una manera estrepitosa y vulgar,
va pisando el tiempo con un pié en la irrealidad
pero mi verdad no es la misma que la tuya,
la mía pisa fondo y se desvanece como un cuerpo en el sillón,
como la lluvia tras un resquicio donde no sabe divagar,
como las telarañas que voy tejiendo en mi razón.

El viento entra por mi boca y remueve mis sentidos,
me enciende las dudas y el resentimiento,
mientras observo las mismas manos que hace diez años,
los surcos de mis arrugas corroen la ropa que nunca usé,
aquellos sentimientos que dejé esparcidos sobre mi cama,
en los que no pensé mientras te marchabas,
confiando en los regalos del destino.

Pero es la soledad la que adormece mi cuerpo,
la que batalla en el inconsciente y ata mi cordura,
porque mañana será hoy aunque mas perfeccionado
sosegado y reinado en la calma,
seguiré trazando cometas en sigilo,
nadie oirá el péndulo de mi reloj de arena
seguiré recolectando siglos,
reflexionando y afirmando mis teoremas,
midiendo la certeza de mi locura
porque ya no eres tú la que libera mi sortilegio
son mis calles mojadas,
ausente de multitud que la devoren
es la lluvia que vaga por sus aceras,
sin zapatos que detengan su travesía
sin barricadas que las tomen,
y aunque yo perduraré en silencio,
no me mires con recelo
solo soy un mortal
con un millón de anhelos.

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