De ida y vuelta.

Que bueno es saberse completo,
dejar atrincheradas las ataduras en mi espalda,
que el tiempo vaya haciendo justicia y no me rete tu infierno,
que sea yo de nuevo y mi pellejo no duerma contigo,
en fin, todo es tan complejo,
que ya ni siquiera la muerte es tan dispar ni singular como pensaba mañana,
que no haré retazos del futuro del viento que hoy me acompaña,
que entrego mi ser, mis uñas afinadas
al confín de un presente que me cuenta mil patrañas.

Pero nada es así,
te supe temblorosa al filo de mi final,
ausente, sin sombras ni horas que delataran mi partida,
nada tiene sentido si le temo a tus victorias,
si entre tus requisas no estoy contigo me considero afortunado
como el mar a sus olas por sus viajes constantes a la orilla,
como un día de reyes para un viejo ex-presidiario,
aún así, te supe a verano amargo
a miles de aves sin alas,
a cadáver crucificado en la punta de la esperanza,
al frío de este agosto que me entregaba sus ganas
y yo sin sudario donde aposentar mi ser vacío,
sin guadaña donde requisar mis sueños,
sin andamios donde montar esta piel.

Pero aún no está perdido
el final que avisa apenas sin ser avistado
en este deshielo clavado en la palma de mis manos,
en insomnes calles borrando mis pisadas,
ya no sería yo quien te caminara
ni rozara sutilmente las desgastadas esquinas,
ni siquiera serias primavera en mis versos,
porque hoy siempre será todavía,
y las hogueras aún arderán en mi inconsciente,
síndrome de Estocolmo,
un ron quemante de esófagos,
de madrugadas abandonadas al son de tantas almas
que brotaron de un vestigio abandonado.

Si me quieres llevar,
llévate tu también,
y arrolla si quieres contigo mis pies descalzos
en la lejanía de este aliento que se apaga por momentos,
pero no seas refugio sin tejado,
no tejas primaveras si luego rompes las mañanas de un plumazo,
ni bebas de los humos de tantos bares exiliados,
ni seas viaje sin maletas
ni andén sin estación,
sábete consciente y trágate los días de este frío calendario
que mancharon mis otoños con un llanto rendido
y que dieron casual ruido a tanto silencio,
al fin perdedores de un invierno,
pero me sé probable y a momentos reconozco el presente,
los domingos desolados con sabor a ozono,
querrilla de cojines en un sofá desgastado,
aliento de condena de versos exiliados,
confío que el miedo no vista mis venas rezagadas
ni trace con espanto los días grises que nunca debieron emergen,
aunque deberé marcar a fuego la resurrección de septiembre,
y empujar al verano para que use la puerta trasera
volveré a ser caminante entre las cenizas,
entre el polvo centenario y el sabor de la brisa,
de un abismo intransigente aunque me corten sus aristas,
y me sepa a cementerio un mañana obsoleto,
un desván lleno de prisas,
una casa abandonada de huellas en el suelo,
escaleras eclipsadas de un invierno despiadado y sutil,
de tantos abrazos vestidos de los tiempos que tuvieron antes,
de promesas que dejaron sus trajes para el sábado de algún febrero.

Aún así,
me sé probable,
es mas verdad que cierto.

 

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31-07-16

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