Pasado incandescente.

Así de esta manera tan singular,
tan escondido y decidido vuelvo a Madrid,
quedaron atrás los sones de la inconsciencia,
aunque aún resuenan viejos sortilegios arañándome la espalda,
el rumor de tu aliento ya no me susurra nada.

De nuevo vuelvo a escaparme,
en la transversal de los raíles de la vía,
en esos vagones desamparados,
donde viajan los sentimientos sin fe,
y se sustentan viejos vagones parados,
en ellos ya se pudrió la esperanza,
se consumió al ver que su estación ya no guardaba nada,
que sus pasajeros olvidaban sus destinos,
al ver sus viejas maletas vagando descalzas por algún viejo andén.

Pero sigiloso me enfrento al presente,
al batir de alas que confrontan mi mente,
desperdigadas, insomnes, inmortales,
pero muy brevemente casi sin notarlo,
pero a la vez ruidoso y sin otorgarte preferencia
renaceré por sobre el suelo que me vio padecer,
desgranaré cada beso que me llevó a tu cuello,
que me ató a tus viejas penumbras,
aquel frío que quebrantó las leyes de lo obsoleto
que manipuló mis sueños,
y entrelazó con mesura la saliva de tus lábios.

Quizá aún me corroes,
afirmo sentir que tu presencia me delata,
frágil como un suelo de cartón,
como un papel mojado que la lluvia arrasó,
como aquellas manos calcando mi espalda en días sin sol.

Pero nuevamente alzaré mis sones,
anclaré mi guitarra en algún puerto sin nombre,
en una casa deshabitada,
en sueños que aún se esconden,
jugaré al azar mis cartas
apostaré mi todo a la esperanza,
y me vestiré de nuevo con tu frío,
a fin de cuentas tú fuiste mis sabanas,
y sobre ti construí mi almohada
acostumbrado a vagar en tu soledad,
en las aceras de tus calles,
en tu cálida tempestad.
ahora, ¿que más da?.

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Bendita tu luz.

Año y medio,
y ya llenas mi vida y mis ojos,
eres la profecía que me otorgó la vida un día,
en tus ojos veo la inocencia de tu alma,
la garantía de mi vida,
serás la descendencia de mi futuro,
los días de las primaveras,
con tu risa llenaremos los bancos de cada parque,
y con cada pasito tuyo moveremos la tierra,
tus zapatitos tan pequeños que apenas dejan huella,
dejarán Abril marcado en mis calles,
en el borde de la acera,
en mi corazón que por momentos se atormenta,
tu eres el mundo que me rodea,
las manitas con las que sacudes mi pelo,
la luz que emergen de tus ojos,
tu ternura me embelesa.

Pero mi reina pequeña,
verás que los días se volverán grises,
y esos patos del estanque ya no serán blancos,
poco a poco aparecerán cicatrices,
y se oxidarán los bancos del parque,
verás que las mañanas serán un lastre cada día,
cuando cargues sin permiso con el peso de tu vida,

Aquellos zapatitos serán tu camino diario,
y aprenderás de los demás que hay que ser solidario,
que todo no es tan bueno pequeña,
pero tampoco tan malo,
comenzarás a ver el sentido de la vida,
y aprenderás a pasos agigantados,
a veces se pasarán muy largos los días,
pero no creas que tienen mas horas,
solo que pesa más tu mochila.

Quizá te parezca vivir deprisa,
que todo está en tu contra,
que los problemas te arrasan y que te quema la historia,
pero no temas princesa,
es solo que yá no paseas en tu carrito,
ni duermes en tu cuna,
que no te mece mamá ya no despiertas con tu chupa,
ya no hay pañales que te protejan,
ni dibujos animados para que te duermas,
solo tu lucha en esta vida,
a veces tan dura e injusta,
repleta de sin sabores y dudas
pero también de magia y dulzura
de ilusión, emociones y alegría.

Yá no vendrán los reyes magos,
ni Papa Noél entrará por la chimenea,
ni pararán en tu puerta los camellos
ni habrá leche encima de la mesa,
ese será tu sacrificio constante,
caminar bajo el sol que te quema,
bajo el frío que en invierno te arrecia,
pero ya no te desvelo mas,
cuando la vivas si estoy vivo me contarás…
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Nada entre la soledad.

Hoy me visto con los trajes del ayer,
dibujo una sonrisa en mi espalda,
trato de alimentar el futuro
sin trucos, sin alimañas.
Pero se oscurece el devenir,
de una manera estrepitosa y vulgar,
va pisando el tiempo con un pié en la irrealidad
pero mi verdad no es la misma que la tuya,
la mía pisa fondo y se desvanece como un cuerpo en el sillón,
como la lluvia tras un resquicio donde no sabe divagar,
como las telarañas que voy tejiendo en mi razón.

El viento entra por mi boca y remueve mis sentidos,
me enciende las dudas y el resentimiento,
mientras observo las mismas manos que hace diez años,
los surcos de mis arrugas corroen la ropa que nunca usé,
aquellos sentimientos que dejé esparcidos sobre mi cama,
en los que no pensé mientras te marchabas,
confiando en los regalos del destino.

Pero es la soledad la que adormece mi cuerpo,
la que batalla en el inconsciente y ata mi cordura,
porque mañana será hoy aunque mas perfeccionado
sosegado y reinado en la calma,
seguiré trazando cometas en sigilo,
nadie oirá el péndulo de mi reloj de arena
seguiré recolectando siglos,
reflexionando y afirmando mis teoremas,
midiendo la certeza de mi locura
porque ya no eres tú la que libera mi sortilegio
son mis calles mojadas,
ausente de multitud que la devoren
es la lluvia que vaga por sus aceras,
sin zapatos que detengan su travesía
sin barricadas que las tomen,
y aunque yo perduraré en silencio,
no me mires con recelo
solo soy un mortal
con un millón de anhelos.

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El día en que yo hable.

El día en que yo hable,
sé que cada fusil,
cada bala llevará mi nombre,
se quemarán las postales que guardé en mis entrañas,
y no sabré si estuviste o quiza nunca llegaste a estar
El día en el que hable,
los suburbios serán mis más fieles confidentes,
Seré arruga,
sombra o resplandor
de un vanal contingente,
Quizá al mirarte persiga la muerte,
Un retazo de lo que quise ser,
Veneno de lo misero usual de lo cotidiano,
seré quien jamás quise ser,
nébula en la penumbra,
obsoleto entre lo modernizado.

El día en que yo hable,
Correrán las ratas por tu mente,
Desearás verme abatido,
En el umbral de mi deshaucio,
Pero ya no seré yo,
Seré polvo o suciedad,
habré maltratado los años buscando en algún desván,
pero no me busques más,
habré emergido hacia lo casual
habré trepado hasta el recóndito hueco que tapa mi historia.

Seguiré vagando en tu cama,
más vivo que muerto,
o más muerto que vivo que más dá,
De la certeza de lo inusual,
porque no pierdo nada si juego mi cabeza,
a que mi retirada seré desnudo,
Implacable y fugaz,
al alcance de tus tibias manos
de mi cuerpo corrupto,
de deseos manchados,
De años sin luz que bailarán al olvido.

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Réquiem de lo absurdo.

Quisiera bendecir un sueño,
para  vivir siempre entre sus brazos,
para detener los relojes que abrasan el tiempo,
para olvidar que somos historia,
que ahora el presente es el futuro,
de este mundo dominado por la escoria.
Donde llegarán los irreales reversos,

los que azotan los días, cuando nos llamen a partir,
a dividir agujeros entre nuestras fosas,
porque ya pidiendo permiso nos sueltan a los presos,
y repudiamos a esta sociedad incoherente
carente de hábitos y suspendida a la suerte.
Viejos fusiles oxidados,

Como la calle en que crecí todo a cambiado,
solo resurgen amaneceres sin nombre,
como poetas que se quedaron sin tinta,
que dejan huella con la sangre que emergen de sus manos,
trastocadas por el frío de este invierno,
letal, sublime que avanza por su cuerpo.

Grietas, memoria y paisajes sin nombre,
así nos muestra este país su tonada inasible,
y nos regocijamos en el mañana,
guardamos munición en la recámara,
y es que mañana es hoy,
porque esta lluvia certera no descansa,
ni regala sortilegios ni naufragios,
y aunque la acera trata de retractarme en cada paso,
de los caminos que emprenden mis zapatos,
mis melodías pisarán sus palabras,
sus engaños al pueblo,
su impasibilidad ante tantos sueños rotos,
navegar en un mar donde no se impone la cordura,
donde se veta la necesidad de la palabra,
donde se imponen jugando a ser Dios,
pero aproveche ahora y cambie sus disfraces,
porque cubiertos de lodo,
de barro y ceniza
acabará su andadura.

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Antonio Benavente.

Desnuda entre las sombras.

Hoy me atrevo a soñar,
quiero aferrarme a tu cintura
desgranando primaveras en tu cuerpo
de una y mil maneras.

Te ves tan bien así.
tan inerte tan intacta
arrancándome los versos
y tranzando nuevos sortilegios.

Te vi llegar,
desnuda entre las sombras,
comprando un tibio otoño
disfrazando tus ojos.
Tan sinuosa y sutil
maldiciendo las horas,
aferrándote a la esperanza
y viendo tus manos rotas

Pero si ni siquiera sé que existes,
con que traje del tiempo he de vestirte
perdí la cordura,
o será mi bálsamo de dudas.

Quizá divagaste por mi cabeza,
o tus ojos fueron días de fiesta
serán mis neuras
o tu silencio a voces.
Pero sigo aquí impregnado de tus roces.

Los sueños no se prestan,
así que decidí volar,
me aburría tanto la calma
y estas ganas de buscarte en mi cama

Solo quiero un sitio en tu naufragio,
déjame sin alas,
no me importa tanto,
pero si te salvas dímelo,
puede que mañana huya el sol.

Benaventemusic
06-11-14

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Se desvanece

Un día, de esos en los que sabes que tu cabeza está vislumbrando un horizonte perdido,
donde se oxida tu memoria y no sabes si ser preso de tu propio miedo
o regocijarte en el conformismo que habita esta tempestad que ahora nos acecha.
Quizá se me ocurre pensar, divagar o escenificar que todo se desvanece,
se quema como el fuego a tus cenizas aquellas que extinguieron los años,
gracias a Dios o a la teoría de que lo que no es para ti pasa insalvable,
algo inseguro, inviable incómodo para tu sentir,
porque siento inerte el suelo que se posa en mis manos,
como inerte siento la concupiscencia de tus ojos al observar la mañana.

Pero sé, que un día de esos,
donde tus arrugas se tiñen de anaranjado amanecer,
y las legañas te impiden abandonar los sueños,
de un extasiado quemazón que despierta a tus entrañas,
ese justo momento que te regalan tus sentidos,
seras presa de aquella locura que desató tu silencio,
y tu voz llegará a los confines de los oidos que deambulan por las calles,
a las lágrimas de aquel deshaucio primitivo que nunca tuvo que ocasionarse,
por que lo sabes,
porque losé.

Por que todo tiene que estallar,
como lo hacen tus lábios con ese rojo carmín al colorear,
como tu cuerpo fundiéndose con mi cuerpo,
pero detente no sigas,
entonces todo será escoria,

Y a la vez impoluto de la utopía que arrastrará a tus ojos,
y no serás tu sino yo,
los latidos que ausenten a mi espíritu,
ya me dará igual donde te escondas,
olvidaré los nombres de las penumbras que a oscuras te invadieron.

Porque así te desvaneces,
tan sutil como el plomo sobrante de los fusiles,
como el polvo del uniforme de los combatientes que aún siguen vivos,
como este viejo corazón latente,
como la madre que espera a su hijo sin saber de la amargura,
quiza fue un excombatiente,
y quizá jamás regrese.

Un día, de esos en los que sabes que tu cabeza está vislumbrando un horizonte perdido,
no lo dudes y piérdete conmigo,
pero detén el reloj que dimos por perdido…

Benaventemusic
03-11-14
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