Abril.

…llegaste tan mágica, tan primavera, tan luz
que pude ver en tus ojos las sombras de algún futuro,
como tus abrazos remecían los cimientos de mi pecho
y solo con verte mi corazón era la Gran Vía de Madrid,
a coco me sabían tus labios formándose uno con los míos…

Porque me dueles tanto aquí dentro,
ya ni rimas, ni metaforas me quedan para gastar
me siento vacío cual estación sin andén
llegaste tan mágica, tan primavera, tan luz
que pude ver en tus ojos las sombras de algún futuro,
como tus abrazos remecían los cimientos de mi pecho
y solo con verte mi corazón era la Gran Vía de Madrid,
a coco me sabían tus labios formándose uno con los míos

Hoy todo me sabe de nuevo a utopía,
a una casual tormenta que azota mis enseres,
a unos esquemas trastocados por una suerte imprecisa
a unos días que solo contaban a partir de verte,
no existían mañanas, ni tardes, ni amaneceres,
solo relatos de tus sonrisa al esparcirse con mi vida,
a tu cinturita atañada a unas manos prohibidas,
a unas promesas que grabé a fuego en mi espalda,
a esta almohada inquieta al no comprender a mis sábanas,
pero hoy mis entrañas se apagan al compás de algún reloj indeciso.

Tan pronto te tuve y emergiste,
tan pronto emigraste a los sueños ya vencidos,
a las hecatombes de recuerdos innatos,
porque esto que brota de mi interior me quema y amordaza,
y no entiendo porque tan sinuosa decisión me quebranta,
teníamos tantas promesas que cumplir,
tanto verano por consumir,
tanto sol que ragalarte que me quité de mi luz para ti,
porque aún tus manos en mi espalda marcan noches de apocalipsis
silencio al unísono que derrite mis fronteras,

Aunque de nuevo me siente impasible al filo de un naufragio,
y no encuentre barquita donde aposentar estas lágrimas que me consumen,
y no vea viable una razón un motivo,
que me empuje a seguir adelante,
porque mi alma está tan clavada en mi sino,
como tus tacones en la arena de alguna playa,
como tu mirada divisada a miles de kms de distancia,
Sé que tu pelo alborotado se convirtió en mi regazo
y tus caricias en mi rostro las olas del mar mediterraneo,
pero me azotó este abril y rasgó mis vestiduras,
me despertaron las madruagadas cubiertas de agua salada,
y no encuentro ya refugio a este recuerdo que me mata,
a esta necedad que se apresura urgente,
con sabor a alguna calle solitaria,
a aferrarme a tus manos con la fé que me quedaba,
a vagar entre estas horas que me aprisionan,
a no creerme que todo quedó en la estacada…

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30 de abril 2017

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30 de abril de 2017
18.01hrs

Tú, siempre y todavía

Ya no te leo,
ni te diversifico en el púlpito de mi ignorancia,
aunque la verdad es otra bien diferente,
aunque me ahogan tus divertimentos
y mi soledad se atañe fuertemente a mí,
admito que recordarte me simula una sonrisa,
mueca que se desvanece cuando observo mi devenir,
mientras mi cielo se hunde contra el suelo,
aunque no sean recíprocos los días que vendrán
y mis horas sean el filón de tu inconsciencia,
y mi locura se ate sinuosamente a tu espalda,
sé que has pasado por sobre mi inconsciente,
sobre mis noches con sabores insípidos,
y aromas a distancias y despedidas,
pero aunque es inevitable que el fin de mis días se precipiten al vacío
como una tarde de domingo asfixiada,
como un romance vertido de viejas metáforas,
siempre quedará mi afán volátil,
mis sueños desvanecidos en unos años que se tiñen de después,
de pellizcos en el pecho y uñas quebrajadas,
de calles sin nombres,
de jóvenes en minifalda.

Aunque sé que el abandono será parte de mi tregua,
y solo me acompañe la hoguera y la penumbra,
un sol tuerto o un horizonte quebrado,
mi después será más pronto que tarde,
lo simulan mis entrañas,
el renacer de mis mañanas
de todo lo insomne que me acompaña.

Los días sin sol abrasaran mi espalda
pero vendrán sin privilegio ni letanía,
abrasaran la concupiscencia de este cuento sin fin,
porque todo pasa,
porque tú te escapas fiel y clara,
como tantas primaveras a las que les puse alas,
como tú tantas pero tan pocas,
única en llenar la vida que me acontece
en vagar sobre los suburbios de un futuro incandescente,
pero aún así tu recuerdo arde,
arde y me quema cual tarde de verano en tu calle
dejando rastrojos enterrados a mi suerte,
dejando al raso este cuerpo cansado e inerte,
de abismos imposibles,
de fronteras que derribamos con solo una idea visionaria,
porque tú siempre serás todavía,
como una niña emergente de la nada,
como una tarde que nace de un hueco de tu espalda,
como jazmín albino que florece en tu iris,
cual borrachera de tus labios tras una tarde de resaca,
cual anfitrión de tu susurro en una agonía encubierta,
como un reloj que ya no cuenta las vueltas,
como esta distancia que recorta al azar tu silueta.

 

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De ida y vuelta.

Que bueno es saberse completo,
dejar atrincheradas las ataduras en mi espalda,
que el tiempo vaya haciendo justicia y no me rete tu infierno,
que sea yo de nuevo y mi pellejo no duerma contigo,
en fin, todo es tan complejo,
que ya ni siquiera la muerte es tan dispar ni singular como pensaba mañana,
que no haré retazos del futuro del viento que hoy me acompaña,
que entrego mi ser, mis uñas afinadas
al confín de un presente que me cuenta mil patrañas.

Pero nada es así,
te supe temblorosa al filo de mi final,
ausente, sin sombras ni horas que delataran mi partida,
nada tiene sentido si le temo a tus victorias,
si entre tus requisas no estoy contigo me considero afortunado
como el mar a sus olas por sus viajes constantes a la orilla,
como un día de reyes para un viejo ex-presidiario,
aún así, te supe a verano amargo
a miles de aves sin alas,
a cadáver crucificado en la punta de la esperanza,
al frío de este agosto que me entregaba sus ganas
y yo sin sudario donde aposentar mi ser vacío,
sin guadaña donde requisar mis sueños,
sin andamios donde montar esta piel.

Pero aún no está perdido
el final que avisa apenas sin ser avistado
en este deshielo clavado en la palma de mis manos,
en insomnes calles borrando mis pisadas,
ya no sería yo quien te caminara
ni rozara sutilmente las desgastadas esquinas,
ni siquiera serias primavera en mis versos,
porque hoy siempre será todavía,
y las hogueras aún arderán en mi inconsciente,
síndrome de Estocolmo,
un ron quemante de esófagos,
de madrugadas abandonadas al son de tantas almas
que brotaron de un vestigio abandonado.

Si me quieres llevar,
llévate tu también,
y arrolla si quieres contigo mis pies descalzos
en la lejanía de este aliento que se apaga por momentos,
pero no seas refugio sin tejado,
no tejas primaveras si luego rompes las mañanas de un plumazo,
ni bebas de los humos de tantos bares exiliados,
ni seas viaje sin maletas
ni andén sin estación,
sábete consciente y trágate los días de este frío calendario
que mancharon mis otoños con un llanto rendido
y que dieron casual ruido a tanto silencio,
al fin perdedores de un invierno,
pero me sé probable y a momentos reconozco el presente,
los domingos desolados con sabor a ozono,
querrilla de cojines en un sofá desgastado,
aliento de condena de versos exiliados,
confío que el miedo no vista mis venas rezagadas
ni trace con espanto los días grises que nunca debieron emergen,
aunque deberé marcar a fuego la resurrección de septiembre,
y empujar al verano para que use la puerta trasera
volveré a ser caminante entre las cenizas,
entre el polvo centenario y el sabor de la brisa,
de un abismo intransigente aunque me corten sus aristas,
y me sepa a cementerio un mañana obsoleto,
un desván lleno de prisas,
una casa abandonada de huellas en el suelo,
escaleras eclipsadas de un invierno despiadado y sutil,
de tantos abrazos vestidos de los tiempos que tuvieron antes,
de promesas que dejaron sus trajes para el sábado de algún febrero.

Aún así,
me sé probable,
es mas verdad que cierto.

 

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31-07-16

Urge tu llegada

Resulta urgente tu venida,
no entretengas tus males ni tu piedad,
yo estoy aquí sin pulso en tu regazo,
en la sincronía de tu caminar,
en el suburbio encharcado de una vieja ciudad,
pero no es preciso que te salves,
solo urge tu presencia ante mis años,
como lo demacrado de mis días
en esta sombra que me adula y me persigue
me encierra en esa realidad sin nombre,
pero tu llegada se antoja inevitable,
inesperada, sutil, uniforme,
alzando sus alas y dando vida a mi presente,
al igual que tus labios rasgan mis besos
y tu voz descalabra los sueños en mi frente,
y enturbia cada minuto de mi reloj,
no resistas tu cuerpo a lo incierto,
no te vas a despedazar como ya hicieron mis cimientos,
solo “úrgete” despiadada si con ello te haces presente,
vístete de futuros y pasados,
deja el presente haciendo mella bajo tu vestido,
bajo mis cicatrices desganadas de otro cuerpo a la intemperie.

Resulta urgente que alces ya tu voz bajo mis entrañas,
que me invite tu resurgir a las mañanas sin luz,
a las tardes de abril,
a tantos veranos que se ahogaron bajo tu falda,
a tantos acordes que difamaron en tu espalda,
a lo sinuoso del batir de tus nítidas piernas,
a querer huir de tus madrugadas extasiadas de ron,
vacías, livianas tan puras,
para engancharme al bajo perfil de tu cadera.

Pero ya me suena a ausencia tu partir,
se que aún persistirás en algún andén vacío,
quizá en algún recóndito hueco de una calle cualquiera,
a una resaca de febreros y primaveras,
del humo de algún bar que se guardó sin permiso bajo en tu ropa,
que se quedó olvidado en el trasfondo de tu pecho,
en la agonía del contratiempo que simula tu caminar,
pero ya todo es en vano,
tu llegada será inhóspista,
quizá incrédula y hostil,
quizá mis ganas detengan tu acecho
cuando mis premisas contigo sean sin ti,
y aún el sol mayor no necesite tus armónicos,
ni me empeñe en construir  enero en tu invierno,
porque para entonces tú serás viento vagando por mis otoños,
y yo un rostro tallado,
desmembrado bajo cicatrices impolutas,
un viejo sin memoria en una batalla de sábanas,
un sutil suspiro,
mi futuro tras tus ojos,
un viaje hacia la

 

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17-07-16

La mitad de la vida.

A veces me trastoca los planes recordarte,
con cierto punto de acritud que me corroe el semblante,
porque vengo de otra vida,
de otra realidad verdadera,
oscura, sin quizás ni porqué ni para cuando,
y aún me mata por segundos pensar en los días venideros,
en las tardes de algún extrovertido invierno,
de alguna pesadumbre que me até al recuerdo,
porque van haciendo mella,
van marcando a golpe de fuego esta piel corrupta del sistema,
a veces siento desvanecerme,
caer sin fondo hacia lo inaudito,
porque pienso en tu monstruo deshaciéndome las entrañas,
arrancándome el interior y dejándome sin alas
apiadándose bajo mi lápida del tiempo,
el mismo que nos regala versos, amaneceres y nostalgias,
pero esta acera que piso se desangra por momentos,
las calles de mi pecho son sucios suburbios
alegorías que danzan sin prisa,
tantos reveses azotaron ya mis manos para después vencerme,
que vacía el silencio de mis días,
de este puñado de horas que me regaló el destino,
desde algún viaje que observé en vilo,
pero aunque afirmo que el mañana me tiene atado,
aferrado  a un sinfín de neuras,
a un infierno sin calificativos
porque mas aún, te miro desde mis penumbras,
y te noto acechando mi alma,
queriendo agudizar los minutos que claman al viento
que desordenan los senderos de mi sino,
porque el hueco que cavaste en mis entrañas no es un regazo,
es un mar repleto de tiranías que despedazan mis adentros,
jugando con la controversia de estas manos,
de estos dedos cuando conjugan tu verano,
cuando subsisten temblando en el interior de esta utopía,
en medio de este desván desordenado.

Me arrebataste todas mis rimas,
esparciste mis versos por sobre el suelo,
me dejaste sin segundos con que llenar mi invierno,
para conformar mi primavera,
llegaste tan fugaz, tan traicionera,
que no me diste minutos para despertar,
cuando me inundó aquella nebulosa de algún especimen concreto,
aquella madrugada con olor a muerte,
al fin de unos días que marcaron mi sino,
al fin de un camino irracional,
vestido de tumba y cementerio,
tratando de frenar a toda costa el ritmo de mis impulsos,
de un latir que se detenía por momentos,
de un asedio impune y sin piedad,
que tornó de gris el viento,
de metáforas que daban nombre a mi lecho,
y a esas paredes que parecían el confín de lo vivido,
de unas horas sin justicia para evitar cuál tragedia nombre.

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Presagio.

Conservarte,
eso sería lo mas viable en estos momentos,
cuando la pared ruge cada vez que rozas con ella tu espalda,
cuando infringes las normas que dictan tu cuerpo.

El viento a desperdigado los sinsabores que te rodeaban,
y apagado el antaño rescoldo de tu llanto,
gracias al destino o a un desenlace casual,
ese que se sostuvo tanto tiempo de un hilo,
que mantuvo mi cuerpo en el vértice del desfiladero,
y destruyó mis sentidos,
para enfrentarte cuerpo a cuerpo.

Ya no es poesía tu cuerpo,
ni versos mis dedos jugando en tu vientre,
el sol salió hace rato,
tus ojos aún están cerrados
pero de tu boca aún emergen tempestades,
destrozándolo todo,
quemando mi subconsciente.

Y aunque así,
despacio y voraz arrastro mis sueños,
los voy carcomiendo de agua y sal,
y adormeciéndolos con el sonido del mar,

Aunque es irreal que estuviste en mi cama,
surrealista y metafórico,
que rocé tus frías nalgas con mis pies mojados,
con el frío invernal que se adueñaba de tu aliento,
pisoteando una estrella fugaz
como respirando hacia tus adentros.
Pero realmente sin ti soy mas yo,
ya puedo posar mis pies sobre el suelo,
ya no me urgen tus manos,
hasta mantengo el equilibrio si te suelto,
y si me apuras,
hasta puedo comenzar a abandonar pasos tras de mi,
aunque en momentos se ausente mi cordura,
y lastime esos ratos que derivan en mis penumbras.

Es ley de vida tu absolución,
ya no diriges sentimientos,
y menos melancolías,
ni recuerdos ni oración,

También has de saber
que están surgiendo nuevas melodías,
y nuevamente voy coleccionando palabras y secretos,
y hasta en sutiles madrugadas,
a gritos el silencio,
me dice muy bajito que deambula mi guitarra,
Pero ahora ya no será casual verla por entre mis sentidos,
será difícil verla reposar tanto tiempo en su viejo ataúd,
solo piensa en nacer y renacer,
hasta quedar sedienta de sones y acordes que la alaben,
en el fondo es presumida y amiga de los espejos,
dice no saber nada,
pero me susurra que es cuestión de tiempo.

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Nada urge.

Así te tengo,
tan encallada a mis adentros como algo usual,
tan embebida en mis remordimientos,
mirándome pero sin hablar…

Así te tengo,
tan encallada a mis adentros como algo usual,
tan embebida en mis remordimientos,
mirándome pero sin hablar,
los latidos de mi pecho son los epicentros de tus neuras,
son tormentas y tempestades,
que voraces auguran la soledad,
entrando hasta el cosmos de mis sortilégios
unificando los confines de tu tierra y mi mar.

Nada es absurdo mientras te miro,
el reflejo liviano del amanecer,
resplandor en tu rostro que se marchita por segundos,
la hiel se me derrite ante el sol de este otoño,
que se marcha muy sutilmente aunque suele girarse mientras se aleja,
ya que suele sentirse como algo muy tuyo,
pero mientras el horizonte se tambalea,
las nubes se apagan,
y se tambalean las montañas,
tu sigues vislumbrando lo monótono de mis días,
el estrecho asfalto que me lleva hasta tus ojos,
pero tú,
vestida de tul y avanzando por sobre mis penumbras,
te manchas de recuerdos,
de carmín, de soledades de viejos augurios
de primaveras sin estación,
pero ya nada es como antes,
ya nada te asusta.

Ya no me urge,
no me hace falta mi sino,
ya no se tambalean las barcas que anclé en el océano,
porque nada es liviano mientras te alejas,
mientras con tus manos rompes el nombre de mi destino,
como también lanzaste a los cuatro vientos la sal de la marea,
y las olas de tu playa yacen vagando en la orilla,
míralas como el tic tac del reloj oscilan,
como se van hundiendo mis años,
quedan marcados en la arena a golpe de fuego,
desojando margaritas sobre si te quiero o no te quiero,
en las arrugas de mis manos albergo las horas que me vieron pasar,
en ellas se acomodan los recuerdos,
y en los surcos de mi rostro el anhelo,
porque ya nada urge,
solo el batir del aire del sur arremolinando tu pelo,
y tus labios escarchados por el frío de este invierno,
como también por tus pupilas eclipsando mis sueños,
y tu risa plasmada en mis oídos cuando te sentía a lo lejos,
pero no quiero desvariar estos versos,
al fin y al cabo ya nada urge,
todo queda en el futuro,
en el principio de esta incertidumbre.

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Pasado incandescente.

Así de esta manera tan singular,
tan escondido y decidido vuelvo a Madrid,
quedaron atrás los sones de la inconsciencia,
aunque aún resuenan viejos sortilegios arañándome la espalda,
el rumor de tu aliento ya no me susurra nada.

De nuevo vuelvo a escaparme,
en la transversal de los raíles de la vía,
en esos vagones desamparados,
donde viajan los sentimientos sin fe,
y se sustentan viejos vagones parados,
en ellos ya se pudrió la esperanza,
se consumió al ver que su estación ya no guardaba nada,
que sus pasajeros olvidaban sus destinos,
al ver sus viejas maletas vagando descalzas por algún viejo andén.

Pero sigiloso me enfrento al presente,
al batir de alas que confrontan mi mente,
desperdigadas, insomnes, inmortales,
pero muy brevemente casi sin notarlo,
pero a la vez ruidoso y sin otorgarte preferencia
renaceré por sobre el suelo que me vio padecer,
desgranaré cada beso que me llevó a tu cuello,
que me ató a tus viejas penumbras,
aquel frío que quebrantó las leyes de lo obsoleto
que manipuló mis sueños,
y entrelazó con mesura la saliva de tus lábios.

Quizá aún me corroes,
afirmo sentir que tu presencia me delata,
frágil como un suelo de cartón,
como un papel mojado que la lluvia arrasó,
como aquellas manos calcando mi espalda en días sin sol.

Pero nuevamente alzaré mis sones,
anclaré mi guitarra en algún puerto sin nombre,
en una casa deshabitada,
en sueños que aún se esconden,
jugaré al azar mis cartas
apostaré mi todo a la esperanza,
y me vestiré de nuevo con tu frío,
a fin de cuentas tú fuiste mis sabanas,
y sobre ti construí mi almohada
acostumbrado a vagar en tu soledad,
en las aceras de tus calles,
en tu cálida tempestad.
ahora, ¿que más da?.

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Bendita tu luz.

Año y medio,
y ya llenas mi vida y mis ojos,
eres la profecía que me otorgó la vida un día,
en tus ojos veo la inocencia de tu alma,
la garantía de mi vida,
serás la descendencia de mi futuro,
los días de las primaveras,
con tu risa llenaremos los bancos de cada parque,
y con cada pasito tuyo moveremos la tierra,
tus zapatitos tan pequeños que apenas dejan huella,
dejarán Abril marcado en mis calles,
en el borde de la acera,
en mi corazón que por momentos se atormenta,
tu eres el mundo que me rodea,
las manitas con las que sacudes mi pelo,
la luz que emergen de tus ojos,
tu ternura me embelesa.

Pero mi reina pequeña,
verás que los días se volverán grises,
y esos patos del estanque ya no serán blancos,
poco a poco aparecerán cicatrices,
y se oxidarán los bancos del parque,
verás que las mañanas serán un lastre cada día,
cuando cargues sin permiso con el peso de tu vida,

Aquellos zapatitos serán tu camino diario,
y aprenderás de los demás que hay que ser solidario,
que todo no es tan bueno pequeña,
pero tampoco tan malo,
comenzarás a ver el sentido de la vida,
y aprenderás a pasos agigantados,
a veces se pasarán muy largos los días,
pero no creas que tienen mas horas,
solo que pesa más tu mochila.

Quizá te parezca vivir deprisa,
que todo está en tu contra,
que los problemas te arrasan y que te quema la historia,
pero no temas princesa,
es solo que yá no paseas en tu carrito,
ni duermes en tu cuna,
que no te mece mamá ya no despiertas con tu chupa,
ya no hay pañales que te protejan,
ni dibujos animados para que te duermas,
solo tu lucha en esta vida,
a veces tan dura e injusta,
repleta de sin sabores y dudas
pero también de magia y dulzura
de ilusión, emociones y alegría.

Yá no vendrán los reyes magos,
ni Papa Noél entrará por la chimenea,
ni pararán en tu puerta los camellos
ni habrá leche encima de la mesa,
ese será tu sacrificio constante,
caminar bajo el sol que te quema,
bajo el frío que en invierno te arrecia,
pero ya no te desvelo mas,
cuando la vivas si estoy vivo me contarás…
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Nada entre la soledad.

Hoy me visto con los trajes del ayer,
dibujo una sonrisa en mi espalda,
trato de alimentar el futuro
sin trucos, sin alimañas.
Pero se oscurece el devenir,
de una manera estrepitosa y vulgar,
va pisando el tiempo con un pié en la irrealidad
pero mi verdad no es la misma que la tuya,
la mía pisa fondo y se desvanece como un cuerpo en el sillón,
como la lluvia tras un resquicio donde no sabe divagar,
como las telarañas que voy tejiendo en mi razón.

El viento entra por mi boca y remueve mis sentidos,
me enciende las dudas y el resentimiento,
mientras observo las mismas manos que hace diez años,
los surcos de mis arrugas corroen la ropa que nunca usé,
aquellos sentimientos que dejé esparcidos sobre mi cama,
en los que no pensé mientras te marchabas,
confiando en los regalos del destino.

Pero es la soledad la que adormece mi cuerpo,
la que batalla en el inconsciente y ata mi cordura,
porque mañana será hoy aunque mas perfeccionado
sosegado y reinado en la calma,
seguiré trazando cometas en sigilo,
nadie oirá el péndulo de mi reloj de arena
seguiré recolectando siglos,
reflexionando y afirmando mis teoremas,
midiendo la certeza de mi locura
porque ya no eres tú la que libera mi sortilegio
son mis calles mojadas,
ausente de multitud que la devoren
es la lluvia que vaga por sus aceras,
sin zapatos que detengan su travesía
sin barricadas que las tomen,
y aunque yo perduraré en silencio,
no me mires con recelo
solo soy un mortal
con un millón de anhelos.

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